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Aquí te dejamos algunos consejos para llevar a cabo unos buenos hábitos
de consumo saludables que nos ayuden a mantener nuestra línea y nuestra
salud.
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Beber agua.
El agua debe ser siempre la alternativa a los refrescos. Este tipo de bebidas
están muy azucaradas, y además tienen gas, que no favorece
nada a la digestión. Los licores de sobremesa provocan somnolencia
y no son recomendables si después tenemos que volver al trabajo.
También es recomendable tomar un vasito de vino en la comida debido
a sus cualidades antioxidantes. Según muchos estudios científicos,
beber vino con moderación reduce un 50% el riesgo de sufrir infartos,
aunque lo mejor es el agua, especialmente en verano, época en la
que el cuerpo requiere hidratarse constantemente. |
Tentempiés.
Para hacer más soportable la espera hasta la hora de comer, tenemos que
recurrir a pequeños tentempiés a media mañana. La fruta
o los yogures pueden saciar nuestro apetito hasta el mediodía, reduciendo
la sensación de hambre y la posibilidad de que nos demos un atracón
en la comida.
Elegir restaurante.
Si comemos fuera de casa, debemos elegir bien el lugar donde comer. Un restaurante
lleno de gente es síntoma de que la comida que sirven es buena, y además
garantiza que no se dan platos preparados del día anterior.
Ten en cuenta también la higiene y la limpieza del lugar. En verano especialmente
debemos tener mucho cuidado con comer salsas o huevo fuera de casa, porque se
corre el riesgo de sufrir gastroenteritis o salmonelosis.
Tampoco te recomendamos comer en aquellos lugares donde los alimentos estén
recalentados o que se cocinen con el aceite que se usa para todo tipo de alimentos.
Si un plato caliente se sirve frío es mejor rechazarlo, ya que significa
que se ha dejado enfriar al aire, con riesgo de que las bacterias se reproduzcan.
La cena.
Cuando comemos fuera de casa, la cena se convierte en una comida esencial ya
que podemos introducir los alimentos que faltan durante el resto del día.
La cena siempre será ligera y baja en grasas, aprovechando para tomar
sopas y consomés caseros, ensaladas frescas, verduras cocidas, pasta
fría y/o pescados blancos.
Un paseo hasta el trabajo.
Para los que no puedan disfrutar del placer de una breve siesta tras la comida,
una solución es dar un paseo hasta el lugar de trabajo.
Después de comer suele entrarnos una sensación de pesadez y de
sueño, por eso, una actividad física ligera como la de caminar
contribuye a facilitar en gran medida la digestión.
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